Cuando utilizamos la expresión el coño de la Bernarda, nos referimos a algo desordenado, sin ningún control, sucio, que todo el mundo puede manosear… En fin, algo que no parece muy deseable. Sin embargo, el origen de la expresión parece que es mucho más positivo.

En el siglo XVI, cuando los musulmanes habían sido expulsados de la península ibérica u obligados a convertirse al cristianismo, surgieron intentos de justificar la convivencia entre las dos comunidades como el invento de los libros plúmbeos del Sacromonte. En esa época, en la que la religión estaba presente en casi todas las cosas, surge la figura fulgurante de Bernarda, una curandera de orígenes no muy claros que, al parecer, obró algunos milagros con… su órgano sexual.

Un día en el que la sequía asolaba la comarca, Bernarda soñó que San Isidro Labrador le introducía la mano dentro de su ser y le recitaba la siguiente letanía: “San Isidro Labrador, quita lo seco y devuelve el verdor”. A los pocos días del acontecimiento se obró el milagro: Comenzó a llover como hacía años que no llovía y acabó la sequía. Rápidamente la fama de la Bernarda se fue extendiendo y todo el mundo quería meter la mano para que Bernarda le sanase. Ella recibía a los enfermos, les recitaba oraciones en varias lenguas y después dejaba que le introdujeran lo que estuviera enfermo para curarles. Su fama llegó a ser tanta que hubo incluso una petición al Vaticano para que, tras su muerte, la canonizaran y la convertieran en santa, cuando, al desenterrar su cadáver, descubrieron que su vagina había quedado incorrupta.

Aunque algunos sitúan a Bernarda en la provincia de Ciudad Real y otros en la sierra sur de Sevilla, parece que la historia que tiene más peso es la que fija su procedencia en algún lugar de las Alpujarras, en la provincia de Granada. El escritor Manuel Talens en su libro “La parábola de Carmen la Reina”, hace una ficción de toda esta historia, dándole a Bernarda un origen morisco y creando un pueblo ficticio para su acción, llamado Artefa, que bien podría ser Pinos del Valle o El Pinar puesto que la Bernarda, en su novela, hace labores de sacristana en la ermita del cerro Chinchirina en la que se venera al Cristo del Zapato, situado en esta localidad.

Como sabéis, en la redacción de El Marrajo tenemos un becario al que le damos tormento. Después de engañarle para que se pusiera un cojinete donde podéis imaginaros, ahora le hemos pedido que encuentre a alguna mujer que se llame Bernarda y le haga algún chiste obsceno para grabarlo en vídeo y enseñároslo, pero no parece muy por la labor y acaba de llamar para poner una excusa. Dice que no va a poder venir en unos días. Bueno, ya vendrá. No tenemos prisa. A ver si se piensa que va a poder entrar y salir cuando le dé la gana, ¿qué se cree? ¿que esto es el coño de la Bernarda?

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Gracias a Pescador Descalzo, que me puso en la pista de esta historia.